Ese hombre era un ser amable y honesto, sin embargo estaba condenado a la inexistencia en la vida de esa mujer por lo que el creía un simple desprecio; no obstante insistía en ese cariño que le producía dolor y remordimiento en sus entrañas y un profundo socavón en su pecho, enclavado en antiguos temores, perforando su alma desde hace mucho tiempo estaba el gusano laborioso del remordimiento y la desdicha. Se miro al espejo y vio su rostro, en el cual trabajosa y lentamente los años habían marcado huellas y muecas que el nunca hubiese querido haber mostrado a los demás, se miro los ojos con serena atención y descubrió que después de todos los desaires y dolores que ella le había inferido aun la seguía amando.
Impasible arreglo su corbata enderezando su torcido nudo y pensó; este deseo humillante por tenerla no me da tregua.... Salio a vivir lo cotidiano y sintió el hormigueo del miedo en sus piernas, metió sus manos en los bolsillos y así empezó a caminar calle abajo con el corazón apretado por los sentimientos…
Bienvenidos a mi mundo...

